¿QUIÉN TIENE A QUIEN?

La Transición en la PyME Familiar

El título viene a cuento de una frase que alguna vez un cliente le dijo al Lic. Juan Carlos Aimetta: “yo no sé si mi familia tiene una empresa o si la empresa tiene una familia”, al referirse a cuál de los ámbitos eran el dominante en la relación entre ambos espacios, y como vivía él esa situación.

Sirve, en esta ocasión, como una herramienta para pensar el proceso de transición que va de una empresa familiar, etapa en la que la dinámica de crecimiento de la empresa atrapa a la familia, a una familia empresaria, cuando es la familia la que conduce el proceso de desarrollo de la empresa.

Esta transformación es la que hace posible no solo la sobrevivencia en el tiempo y el desarrollo exitoso de la empresa, sino que mejora la convivencia de esta con la familia; facilitando que entre ambos sistemas haya un equilibrio saludable para los dos.

La clave para definir el predominio, para resolver la disputa de quien maneja a quien, está en el grado de avance que se consiga en transformar la empresa “artesanal”, la que maneja a la familia, en una estructura profesionalizada y eficiente que es manejada por esta última. Difícil pero indispensable.

Para poder mirarnos en el espejo quizás sirvan algunas preguntas:

• ¿Quién y por que ocupa cada puesto en la empresa? • ¿Quién y cómo dirige la empresa? • ¿Quién y cómo toma las decisiones? • ¿Quién y por que asciende en la estructura de la empresa? • ¿Qué es lo que hace cada uno en la empresa? • ¿Quién será el dueño en el futuro? • ¿Quién dirigirá en el futuro?

La precisión y la claridad en las respuestas nos permitirán tener los elementos necesarios para saber cuánto avanzamos y cuánto nos falta en el camino de esta transición.

Una vuelta más a las preguntas.

¿Todos los familiares son bienvenidos a trabajar en la empresa o se elige a los que tienen las cualidades requeridas?

¿Todos los miembros de la misma generación que trabajan en la empresa cobran lo mismo o se paga de acuerdo al puesto que ocupa cada uno?

¿Siempre que hay ganancias en la empresa se divide entre los familiares según la participación que cada uno tiene sobre el capital o primero se reinvierte lo necesario para después distribuir el remanente?

¿Se dirige en forma subjetiva o hay un sistema de dirección y administración desarrollado?

¿Las decisiones se toman en forma centralizada y por intuición o hay una estructura en la que se delegan decisiones y responsabilidades?

¿Se asciende por pertenencia a la familia y relación personal con los familiares o en función del desempeño?

¿Las funciones de las personas que trabajan en la empresa son difusas y ambiguas o están claramente definidas?

¿No existe un plan de sucesión en la propiedad y la conducción o existe un acuerdo de sucesión conocido y aceptado por todos los involucrados?

Si las respuestas están más cerca del primer término de las preguntas que del segundo, estamos todavía en el estadio de la pequeña empresa que, más allá de su escala, está necesitando de un proceso de estructuración y profesionalización.

Si por el contrario, las respuestas están más cerca del segundo término, la empresa estará avanzando con solidez y con las condiciones requeridas para que su proceso de desarrollo sea sustentable en el tiempo.

Así podremos decir si la empresa tiene una familia, o la familia tiene una empresa.

Autor: Sergio Messing. Director Regional IADEF Santa Fe. Consultor de Empresa Familiar  


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