La mano invisible y el valor de la palabra

Criterios y Conceptos Legales. Creemos que en el “inconciente colectivo” existe un modo de actuar que consideramos conceptualmente refleja exactamente nuestro pensamiento-

Sin perjuicio de ello, entendemos que es bueno a recordar algunas fuentes.-

Ya en el siglo XVIII, 1759 Adam Smith , en su libro “ Teoría de los sentimientos Morales “ acuñó un término metafórico luego reiterado en la magistral obra “La Riqueza de las Naciones” ( 1.776) considerando que La mano invisible es aquella capacidad autorreguladora del mercado., que le permite encontrar su justo equilibrio por el libre juego de la oferta y la demanda.-

Esta mano invisible era la “explicación” y el fundamento filosófico de aquel “dejar hacer, dejar pasar” que llevaron a acuñar la histórica frase popularizada allá por los años 1750 por Vincent de Goumay “ Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même; (Dejen hacer, dejen pasar, el mundo va solo) , llegando a fundamentar, representar e identificarse con los enunciados del Liberalismo Clásico o de Libre Mercado, hoy más conocido como el Liberalismo Económico.-

El dar a cada uno lo suyo, como fundamento jurídico de su teoría, es lo que – decía Smith – hace mantener una cohesión social para asegurar el funcionamiento económico, tal como él lo había pensado.-

Si le damos un sentido social a aquella metáfora de la “mano invisible” acuñada por Smith , pretendiendo integrar la ética en la economía, podremos avanzar en el acercamiento a la realidad.-

Las normas y valores que guían – según este filósofo – el comportamiento colectivo tienen, por lo demás, un papel decisivo en el desarrollo de las sociedad.

Ahora bien, traspolando aquella metáfora de “mano invisible” para tratar lo colectivo , y dejando de lado la fundamentación teórica a que hacía referencia Smith, nosotros creemos que en las relaciones intersubjetivas, en las relaciones humanas cotidianas, habituales, corrientes sean permanentes o no, existe tambien “ algo” como una mano invisible.- Es lo que nos permitimos llamar “confianza” y llegamos a la conclusión que aquella “ mano invisible “ , tal como la describía el filósofo y economista al tratar el comportamiento colectivo, no lo fue tan invisible entre nosotros al analizar el comportamiento individual en el cumplimiento de la palabra empeñada.-

Y decimos que esta mano se hizo visible en nuestra historia no tan lejana.- Así lo hacían por ejemplo cuando dos chacareros – hombres de nuestro campo – , se daban la mano, cerrando así “ su trato” . Nada más necesitaban que ese apretón de manos. Ni testigos. Ni contratos, ni formularios, ni adhesiones. Ningún papel. Mucho menos con cláusulas referenciales, aclaratorias de términos utilizados, aclaratorias de las aclaratorias, todas de dificultosas comprensión o en el mejor de los casos, que se prestan a diferentes interpretaciones.-

Hoy esta situación ha cambiado. El mundo de los negocios, en este mundo globalizado en el que las transacciones y contrataciones se realizan por ordenadores y por ende absolutamente despersonalizada, no admite sino que todo esté claramente expuesto, pormenorizadamente escrito, verificado, analizado, situado, aclarado.- Asistimos entonces
en el mundo empresarial a la superabundancia de normas, reglamentos y protocolos que denotan por sí mismos, una muestra de falta de confianza atento al desconocimiento personal entre los contratantes.-

Regresar – en la medida de lo posible y cuando las circunstancias lo permitan – a aquel apretón de manos para sellar un “trato”, será regresar a retomar los valores de coherencia, responsabilidad, compromiso, en definitiva al valor confianza que creemos resume y comprende a todos ellos.-

Esta confianza que consideramos imprescindible para el buen fin de todo negocio, es la que una persona despierta en la otra, siendo a su vez absolutamente intransferible.

Es lo que cada individuo siente – por el otro – al momento de realizar un trato, un negocio, una transacción. Y, obviamente se necesita que esta confianza sea recíproca, que se refleje en el “otro”, y también que este “otro” lo perciba.-

Y que sucede cuando falta esa confianza entre los eventuales contratantes? O cuando consideramos que se ha traicionado ese valor? Como reaccionamos?

Sobrevendrá – entonces – una crisis.- Entendida ésta como una situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso, entre los pretensos contratantes particulares, cuando esta crisis es entre las partes.-

Más, si la falta de confianza es una cuestión generalizada, sobrevendrá una crisis con mayor o menor extensión según sea la magnitud de la misma. Sobrados ejemplos tenemos de incluso, crisis mundiales desatadas por falta de confianza en un determinado momento y en un determinado lugar por un determinado comportamiento de los mercados, finalmente desatada por la falta de confianza en la palabra de quienes tenían un poder de decisión generalizado.-

Podemos conceptualizar que entendemos por crisis aquel período o situación en el cual la normalidad vigente pierde su sustancia dándole lugar y primando los cambios bruscos o dificultades.

Hemos sostenido siempre que los contratos para que concluyan exitosamente para las partes de acuerdo a lo que ellas han tenido en miras al celebrarlo, deben estar precedidos de algunas premisas básicas esenciales: confianza, coherencia, responsabilidad, compromiso, valores culturales y éticos para hacer realidad aquel ya casi olvidado apretón de manos que implicaba cerrar el trato y comprometerse a cumplirlo.-

Y si de actuar ético hablamos, éste debe estar presente no sólo en el desempeño de los directivos que ejercen la representación societaria en forma personal, sino en el colectivo, de todos aquellos – cualquiera sea su rol – que componen o forman parte de la empresa como tal.-

Ello nos conduce indefectiblemente a la responsabilidad social empresaria.-

Las conductas éticas, respetar los valores que siempre han signado el actuar de los directivos y personal de una empresa , generan confianza en situaciones que consideramos normales, pero que se trasunta más aún, se hace más fuerte y notoria, en momentos de dificultades, en situaciones de apremios, y por ende se valora más cuanto más difícil ha sido la situación planteada o generada.-

Esta confianza despertada en el “otro” es tambien el designado como “capital reputación”.- Este se torna invalorable al momento de la contratación, pero mucho más lo es cuando se está atravesando una crisis, sea ésta individual – esto es empresarial – o generalizada en la sociedad.-

Coincidimos en líneas generales con lo que expresa Edgar Angiano Balz, en cuanto a que la ética debe ser nuevamente el “alma” de la empresa para contribuir a aportar significados a la tarea que se emprende desde ella misma, resignificando que existen valores y principios universales que aún cuando puedan expresarse de manera diferentes en las distintas culturas, son comúnmente aceptados por toda la sociedad.-

Valores y principios universales de comportamiento que despiertan confianza en “el otro”, como la coherencia, compromiso y en definitiva lo que llamamos confianza , todas condiciones que cada vez , está costando mucho encontrar en el entorno laboral y empresarial.-

Sin embargo, somos optimistas. Hemos advertido de un tiempo a esta parte, el renacer de esta necesidad de tener confianza en el otro para poder contratar. La necesidad de hacer honor a la coherencia, y a la palabra empeñada, como valor fundamental para cerrar un trato y que el mismo se ejecute y cumpla en toda su dimensión, tal como las partes han acordado .-

Y este renacer de la necesidad de cumplir con la palabra empeñada, de esta mano invisible basada en la confianza, en los valores éticos, en la coherencia, nos hará recordar que aquella forma de cerrar el trato, con un apretón de manos tal como lo hacían nuestros antepasados, es revalorizar nuestra coherencia, nuestros valores personales e institucionales, reflejados en la confianza mutua.-

Y todo por y para que?
Para no perder el crédito.
Para ser creíble.
Para respetar y cumplir con la palabra.-
Ello nos trae a la memoria la canción de Fito Paez cuando dice :
Quien dijo que todo está perdido ? Yo vengo a ofrecer mi corazón.-
Parafraseándolo , nosotros podríamos decir :
Quien dijo que todo está perdido? Yo, yo vengo a ofrecer mi palabra…

Autores: Dr. Roberto D. Krochik y Dr. Julian P. Pedrotti

Fuente: Revista de la Cámara Argentina de la Construcción Delegación Entre Rios.



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