Acompañar a otros, sin olvidarnos de nosotros mismos

En el trabajo con empresas familiares solemos ocuparnos del bienestar de nuestros clientes: ayudamos a gestionar conflictos, facilitar conversaciones difíciles, construir acuerdos y acompañar procesos de cambio. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en una pregunta fundamental: ¿cómo cuidamos nuestro propio bienestar profesional?

Consultores, mediadores y asesores de empresa familiar trabajamos habitualmente en escenarios de alta carga emocional. Escuchamos preocupaciones, tensiones, expectativas y, muchas veces, historias familiares atravesadas por conflictos de larga data. Para poder acompañar adecuadamente a otros, también necesitamos encontrar espacios que nos permitan recuperar energía, ampliar perspectivas y gestionar el estrés.

 


Trabajar en nosotros mismos 

Como coach organizacional, he aprendido a darle importancia a trabajar en nosotros mismos; como parte de mantener la coherencia en nuestro desempeño profesional. Algo así como ponerse primero la mascarita de oxígeno, antes de asistir a otros, cómo te indican en los vuelos.

Esto significa poner en un lugar de relevancia, nuestro bienestar personal. Algo tan simple, y a veces difícil de lograr en estos tiempos acelerados, de hiper conectividad y exigencias múltiples.



Hábitos que suman bienestar

Una alimentación sana, actividad física y descanso, están como primeros en la lista para lograrlo. Las tres cosas requieren de tiempo y de esfuerzo. Generar hábitos saludables. En lugar de ir en auto o tomarse un transporte público, elegir caminar la mayoría de los trayectos. Ayuda a aclarar las ideas, a dejar el celular un momento; y a disfrutar del aire libre por unos minutos.

Otro de los hábitos que me han sido útiles, ha sido dedicar al menos 20 minutos diarios a la lectura de ficción. ¿Por qué ficción? Porque una novela nos invita a salir por un momento de nuestras preocupaciones cotidianas y entrar en la experiencia de otros personajes. Al leer, ejercitamos la atención, activamos la imaginación y desarrollamos una capacidad esencial para nuestro trabajo: la empatía. Diversas investigaciones han señalado que la lectura puede contribuir a disminuir el estrés y favorecer el bienestar emocional, además de estimular procesos cognitivos y creativos.

Pero existe un beneficio adicional. Cuando la lectura se comparte en comunidad, sus efectos se potencian. Como coordinadora de un Club del Libro, he observado cómo la conversación sobre una obra permite expresar emociones, escuchar perspectivas diferentes y generar vínculos significativos. Muchas veces descubrimos que una misma historia despierta reflexiones completamente distintas en cada lector. Ese intercambio amplía nuestra mirada y fortalece el sentido de conexión con otros.

 


El valor de las comunidades profesionales


Las comunidades profesionales también cumplen esa función. En IADEF compartimos conocimientos, experiencias, inquietudes y desafíos comunes. Más allá del aprendizaje técnico, el valor de pertenecer a una red de colegas que comprende nuestra práctica profesional constituye un factor de bienestar que no siempre visibilizamos. Sentirse acompañado, pedir ayuda, intercambiar experiencias y construir conocimiento colectivo son recursos tan valiosos como cualquier herramienta metodológica.

Por eso, la invitación es simple: reserve cada día unos minutos para caminar, y otros para leer algo que disfrute y participe activamente en aquellos espacios que fortalecen sus vínculos profesionales y personales.

Cuidar nuestro bienestar no es alejarnos de nuestra tarea. Es una manera de ejercerla mejor.

 

Colaboración de María Laura Sergio

Abogada – Coach Organizacional

Socia Adherente IADEF

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